lunes, 26 de marzo de 2012

Una de zombis

Fotograma de la serie Walking Dead

A veces uno tiene uno de esos días raros: en torno a el luce el sol, pero algo le hace mantenerse tenso, en actitud expectante, como si en cualquier momento algo extraño y fuera de lo normal fuera a ocurrir. Hueles a podrido y a veces alguien a tu alrededor también dice oler algo, pero rara vez coincidís en la fuente. Se llega a tener la sensación de estar viendo una de esas pelis de zombis de serie B, justo en el momento en el que las gentes, ignorantes de la infección que les viene encima, realizan sus actividades cotidianas. Cosas como llenar el depósito, comprar un paquete de arroz, pasear al chucho, ver un partido de fútbol o leer un diario de tirada nacional está envuelto en un halo extraño, que conecta esa actividad con la exasperación y el caos del contagio.

Igual es que la incertidumbre en la que vivimos me ha vuelto algo paranoico, pero no dejo de sentir un cierto pánico que parece arrastrar al ciudadano a asentir ante medidas extremas de racionalización del gasto y lo que es peor, ante la vuelta de planteamientos que creíamos muertos y sin futuro. Por esto no puedo dejar de pensar en la zombifiación social, en el manido tema del “ciudadano zombi”. Domina un ambiente como el que he descrito más arriba: las gentes no saben del todo de dónde sale la amenaza, pero se imaginan que en algún momento alguien dará el primer despiadado y brutal bocado: detrás de cada esquina, en un rincón oscuro, debajo de la cama, en el trabajo, en el cine, “¡cuidado, es negro!”...

Contra esta situación extraña resurgen por doquier viejos blindajes ideológicos en los que es posible colocar todo en su lugar y señalar al enemigo. Surgen, desde la administración hasta el hogar, pasando por internet, nuevas formas de violencia social dirigidas a parar y a controlar al enemigo. Es en esta situación cuando podemos decir que el ciudadano es ya un infectado. El contagio se ha producido en el momento en el que está absolutamente convencido de que debe protegerse contra algo sin hacer preguntas. Sin llegar del todo a saberlo uno está ya “zombificado” cuando las supuestas medidas preventivas para evitar la infección se convierten en una praxis maquinal e irreflexiva. Entonces, los discursos demagógicos y absurdos son aceptados y repetidos, surgen toda clase de recelos, decaen la solidaridad y la empatía, el tribalismo enciende sus hogueras para quemar a herejes y a extraños, prolifera el odio fraternal y al final, se incendia tanto el discurso que se odia tanto lo que se odia que se olvida cuánto se ama lo que se ama.

¿Y todo este cuento por qué? Creo que para entender el porqué basta con echar un vistazo al día a día y poner sobre la mesa el auge de los partidos de extrema derecha, la fuerza de grupos ultra, cada vez más conscientes del potencial de su retórica en la multitud desconcertada, una (por ahora) velada pero rampante xenofobia, la brecha entre los más ricos y los más pobres, los aplausos hacia nuevas alianzas de poder entre potencias de escasa credibilidad  y dudosas intenciones, los conflictos sin nombre ni lugar por los recursos naturales, una juventud en desbandada y muy desencantada... ¿hace falta seguir?

6 comentarios:

  1. …LAS PERSONAS QUE NO CREEN EN LOS ZOMBIES SON LAS PRIMERAS A LAS QUE SE COMEN….
    Bartholomew J. Simpson

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    1. Vaya, me alegra saber que tengo alguna posibilidad.

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  2. Con los tiempos que corren son sacrificios necesarios, no podemos gastar lo que no tenemos, así que hay que recortar por el bien mayor, porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades... ¿ttttal como están las cosas te pare... te parece bien hacer una... una huel... cerebros...

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    1. ¡Jajajajaja! Mola Jasón, ya hacía tiempo que no te pasabas por aquí.

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    2. Seguía pasando, pero me quedaba calladito en la esquina jajajaja.

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