"Cambiar una ortodoxia por otra no supone necesariamente un progreso, porque el verdadero enemigo está en la mentalidad <<gramofónica>> repetitiva, tanto si se está de acuerdo como si no con el disco que suena en aquel momento".
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lunes, 13 de mayo de 2013
martes, 26 de marzo de 2013
Martillazos: F. Nietzsche
<<El cristiano y el anarquista.- Cuando el anarquista, como vocero de capas decadentes de la sociedad, reclama con bella indignación "derecho", "justicia", "igualdad" de derechos", está sometido, al hacer esto, únicamente a la presión de su incultura, la cual no sabe comprender por qué sufre propiamente él, - de qué es pobre él, de vida.. Un instinto causal domina en él: alguien tiene que ser culpable de que él se encuentre mal... Además, la "bella indignación" misma le hace bien, es un placer para todos los pobres diablos lanzar injurias,- esto produce una pequeña embriaguez de poder. Ya la queja, el quejarse, puede otorgar un encanto a la vida, por razón del cual se la soporta: en toda queja hay una dosis sutil de venganza, a los que son de otro modo se les reprocha, como una injusticia, como un privilegio ilícito, el malestar, incluso la mala condición de uno mismo. "Si soy una canaille, también tú deberías serlo": con esta lógica se hace la revolución.- El quejarse no sirve de nada en ningún caso: es algo que proviene de la debilidad. Atribuir el propio malestar a los demás o a sí mismo- lo primero lo hace el socialista, lo último, por ejemplo, el cristiano- no constituye ninguna auténtica diferencia. Lo común, digamos también lo indigno en eso, está en que alguien debe ser culpable de que uno sufra- dicho brevemente, en que el que sufre se receta a sí mismo, contra su sufrimiento, la miel de la venganza. os objetos de esa necesidad de venganza, que es una necesidad de placer, son causas ocasionales: quien sufre encuentra en todas partes causas para satisfacer su pequeña venganza- si es cristiano, digámoslo una vez más, entonces las encuentra dentro de sí... El cristiano y el anarquista- ambos son décadents.- Pero también cuando el cristiano condena, cuando calumnia, cuando ensucia el "mundo", lo hace partiendo del mismo instinto por el que el obrero socialistas condena, calumnia, ensucia las sociedad: el "juicio final" mismo continúa siendo el dulce consuelo de la venganza- la revolución, tal como también el obrero socialista la aguarda, sólo que imaginada como una cosa un poco más remota... El mismo "más allá"- ¿para qué un más allá, si no fuera un medio para ensuciar el más acá? ...>>
F. Nietzsche, Incursiones de un Intempestivo (nº36), en El crepúsculo de los Ídolos, 1887.
domingo, 4 de noviembre de 2012
Martillazos (X): Miguel de Unamuno
"El estudio de la propia historia, que debía ser un implacable examen de conciencia, se toma por desgracia, como fuente de apologías, y apologías de vergüenzas, y de excusas, y de disculpaciones y componendas para la conciencia, como medio de defensa para la penitencia regeneradora. Apena leer trabajos de historia en que se llama glorias a nuestras mayores vergüenzas, a las glorias de que purgamos; en que se hace jactancia de nuestros pecados pasados; en que se trata de disculpar nuestras atrocidades innegables con las de otros. Mientras no sea la historia una confesión de un examen de conciencia no servirá para despojarnos del pueblo viejo, y no habrá salvación para nosotros".
Miguel de Unamuno, En Torno al Casticismo, 1943.
Miguel de Unamuno, En Torno al Casticismo, 1943.
martes, 18 de septiembre de 2012
Brillantes Martillazos (IX): George Ritzer
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| Co-po orange packing plant, Jack Delano, 1943 |
"La universidad moderna puede llegar a convertirse, por numerosas vías, en un lugar altamente irracional. Muchos estudiantes (y miembros del claustro) se desaniman por la atmósfera parecida a la de una fábrica en la que se respira en tales universidades. Se deben sentir como autómatas que serán procesados por la burocracia y el ordenador, o incuso como ganado que pasa por una planta de procesado de carne. En otras palabras, en tales establecimientos la educación puede llegar a ser una experiencia deshumanizante. Masas de estudiantes, grandes e impersonales dormitorios y abarrotadas clases, hacen que sea difícil llegar a conocer a otros compañeros de estudio. Las clases abarrotadas, limitadas estrictamente por el reloj, hacen casi imposible conocer a los profesores de verdad. Como mucho, se puede llegar a conocer a un profesor o ayudante que tenga a su cargo un seminario. Puede que las notas las decidan una serie de ordenadores que corrigen cuestionarios y pueden anunciarse de manera impersonal, a menudo mediante el número del carnet de identidad y no por el nombre del alumno. En resumen, los estudiantes quizás se sientan poco más que objetos sobre los que se derrama saber a medida que van pasando por la cadena de montaje educativa que proporciona información y otorga títulos".
George Ritzer, La McDonalización de la sociedad, 1993
viernes, 24 de agosto de 2012
Brillantes martillazos (VIII): Michel Foucault
<<Foucault: En todas la épocas el modo de reflexionar de la gente, el modo de escribir, de juzgar, de hablar (incluso en las conversaciones de la calle y en los escritos más cotidianos) y hasta la forma en que las personas experimentan las cosas, las reacciones de su sensibilidad, toda su conducta, está regida por una estructura teórica, un sistema, que cambia con los tiempos y las sociedades pero que está presente en todos los tiempos y en todas las sociedades.
M. Chapsal: ¿Nos habría enseñado Sartre la libertad mientras que usted nos enseña que no hay libertad real de pensar?
Foucault: Se piensa en el interior de un pensamiento anónimo y constrictor que es el de una época y el de un lenguaje. Este pensamiento y este lenguaje tienen sus leyes de transformación. La tarea de la filosofía actual, y de todas estas disciplinas teóricas a las que me he referido es la de sacar a la luz este pensamiento anterior al pensamiento, ese sistema anterior a todo sistema..., ese trasfondo sobre el que nuestro pensamiento "libre" emerge y centellea durante un instante...>>
Fragmento de la entrevista con Madeleine Chapsal, publicada en La quinzaine littéraire, núm.5, Mayo de 1966.
jueves, 31 de mayo de 2012
Brillantes martillazos VII: Zygmunt Bauman
<<En todo amor hay al menos
dos seres, y cada uno de ellos es la gran incógnita de la ecuación
del otro. Es lo que hace que el amor parezca un capricho del destino,
ese inquietante y misterioso futuro, imposible de prever, de prevenir
o conjurar, de apresurar o detener. Amar significa abrirle la puerta
a ese destino, a la más sublime de las condiciones humanas en la que
el miedo se funde con el gozo en una aleación indisoluble, cuyo
elementos ya no pueden separarse. Abrirse a ese destino significa, en
última instancia, da libertad al ser: esa libertad que está
encarnada en el Otro, el compañero en el amor. Como lo expresa Erich
Fromm: “En el amor individual no se encuentra satisfacción sin
verdadera humildad, coraje, fe y disciplina”; y luego agrega
tristemente que “en una cultura en la que esas cualidades son
raras, la conquista de la capacidad de amar será necesariamente un
raro logro”.
Y lo mismo ocurre en una cultura de
consumo como la nuestra, partidaria de los productos listos para uso
inmediato, las soluciones rápidas, la satisfacción instantánea,
los resultados que no requieran esfuerzos prolongados, las recetas
infalibles, los seguros contra todo riesgo y garantías de devolución
del dinero. La promesa de aprender el arte de amar es la promesa
(falsa, engañosa, pero inspiradora del profundo deseo de que sea
verdadera) de lograr “experiencia en el amor” como si se tratara
de cualquier otra mercancía. Seduce y atrae con su ostentación de
esas características porque supone deseo sin espera, esfuerzo sin
sudor y resultados sin esfuerzo.
Sin humildad y coraje no hay amor. Se
requieren ambas cualidades, e cantidades enormes y constantemente
renovadas, cada vez que uno entra en un territorio inexplorado y sin
mapas, y cuando se produce el amor entre dos o más seres humanos,
éstos se internan inevitablemente en un terreno desconocido>>.
Amor líquido, Zygmunt Bauman, 2003.
sábado, 21 de abril de 2012
Brillantes martillazos VI: T.Adorno y M.Horkheimer
"Los productos de la industria cultural pueden contar con ser consumidos alegremente incluso en un estado de dispersión. Pero cada uno de ellos es un modelo de la gigantesca maquinaria económica que mantiene a todos desde el principio en vilo: en el trabajo y en el descanso que se le asemeja. De cada película sonora, de cada emisión de radio, se puede deducir aquello que no podría atribuirse como efecto a ninguno de ellos tomado aisladamente, sino al conjunto de todos ellos en la sociedad. Inevitablemente, cada manifestación particular de la industria cultural hace de los hombres aquello en lo que dicha industria en su totalidad los ha convertido ya. Y todos los agentes de ésta, desde el productor hasta las asociaciones femeninas, velan para que el proceso de la reproducción simple del espíritu no lleve en modo alguno a una reproducción ampliada".
"La industria cultural", Max Horkheimer y Theodor Adorno, en Dialéctica de la Ilustración, 1944.
viernes, 24 de febrero de 2012
Brillantes martillazos V: Ray Bradbury
"Dale a la gente concursos que puedan
ganar recordando la letra de las canciones más populares, o los nombres
de las capitales de Estado, o cuanto maíz produjo Iowa el año pasado.
Atibórralo de datos no combustibles, lánzales encima tantos "hechos" que se
sientan abrumados, pero totalmente al día en cuanto a la información. Entonces,
tendrán la sensación de que piensan, tendrán la impresión de que se mueven sin
moverse. Y serán felices, porque los hechos de esta naturaleza no cambian. No les des
ninguna materia delicada como la Filosofía o la Sociología para que
empiecen a atar cabos. Por ese camino se llega a la melancolía... Bueno Montag,
puedes creerme. He tenido que leer algunos libros en mi juventud, para saber de
que trataban. Y los libros no dicen nada. Nada que pueda enseñarse o creerse".
Ray Bradbury. Fahrenheit 451, 1953
domingo, 18 de diciembre de 2011
Brillantes martillazos IV: Sigmund Freud
"Diríase que es un cuento de hadas esta realización de todos o casi todos sus deseos fabulosos, lograda por el hombre con su ciencia y su técnica, en esta tierra que lo vio aparecer por ver primera como débil animal y a la que cada nuevo individuo vuelve a ingresar -oh lenta naturaleza- como lactante inerme. Todos estos bienes el hombre puede considerarlos como conquistas de la cultura. Desde hace mucho tiempo se había forjado un ideal de omnipotencia y omnisapiencia que encarnó en sus dioses, atribuyéndoles cuanto parecía inaccesible a sus deseos o le estaba vedado, de modo que bien podemos considerar a estos dioses como ideales de la cultura. Ahora que se encuentra muy cerca de alcanzar ese ideal, casi ha llegado a convertirse, él mismo, en un dios, aunque por cierto sólo en la medida en que el común juicio humano estima factible un idea: nunca por completo; en unas cosas, para nada; en otras, solo a medias. El hombre ha llegado a ser, por así decirlo, un dios con prótesis: bastante magnífico cuando se coloca todos sus artefactos, pero éstos no crecen de su cuerpo y a veces aun le procuran muchos sinsabores. Por otra parte, tiene derecho a consolarse con la reflexión de que este desarrollo no se detendrá precisamente en el año de gracia de 1930. Tiempos futuros traerán nuevos y quizá inconcebibles progresos en este terreno de la cultura, exaltando aún más la deificación del hombre. Pero no olvidemos, en interés de nuestro estudio, que tampoco el hombre de hoy se siente feliz en su semejanza con Dios.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Brilantes martillazos III: Slavoj Zizek
"Lo que tenemos hoy es una especie de escisión radical. Por un lado el lenguaje objetivo de los expertos y científicos que ya no se puede traducir al idioma común, accesible para todos, que está presente como fórmulas fetiche que nadie comprende realmente, y que dan forma a nuestra imaginería popular y artística (agujero negro, big bang, superstrings, Oscilación cuántica…). No sólo en las ciencias naturales, sino también en la economía y otras ciencias sociales, la jerga del experto se presenta como un conocimiento objetivo con el que no se puede realmente discrepar, y que no se puede traducir en términos de nuestra experiencia normal. En pocas palabras, la distancia entre el conocimiento científico y el sentido común no se puede salvar, y es esta misma distancia la que eleva a los científicos a la categoría de figuras de culto, de «gente que se supone que sabe» (el fenómeno Stephen Hawking). La otra cara de la moneda son la multitud de estilos de vida existentes que no se pueden traducir en términos unos de otros: lo único que podemos hacer es asegurarnos las condiciones para que coexistan en un ambiente de tolerancia dentro de una sociedad pluricultural. El icono representativo del sujeto actual sería quizás un programador de ordenadores indio que, durante el día sobresale en su trabajo y por la noche, al llegar a casa, enciende una vela en honor a la divinidad hindú local y respeta la tradición que considera la vaca un animal sagrado. Esta división está perfectamente reflejada en el fenómeno del ciberespacio. El ciberespacio debía unirnos a todos en una Aldea Global, sin embargo lo que ha ocurrido al final es que nos bombardean una multitud de mensajes procedentes de universos incoherentes e incompatibles. En lugar de la Aldea Global, del gran Otro, lo que tenemos es una multitud de «pequeños otros», de señas de identidad tribales particulares entre las que escoger. Con el fin de evitar otro malentendido hay que aclarar que aquí Lacan no está, ni mucho menos, relativizando la ciencia, convirtiéndola en una narrativa arbitraria más que se encuentra, en último término, a la altura de los mitos de lo Políticamente Correcto, etc..: la ciencia sí «toca lo Real», su conocimiento es «conocimiento de lo Real». La dificultad insalvable es que la ciencia no puede desempeñar el papel de «gran Otro» simbólico. La distancia que separa la ciencia moderna de la ontología filosófica aristotélica regida por el sentido común es insalvable: ya surge con Galileo y llega a su culminación con la física cuántica, en la que nos enfrentamos a las reglas/leyes que funcionan, aunque nunca podrán traducirse en términos de nuestra experiencia de la realidad representable.
La teoría de la sociedad del riesgo y su reflexivización global acierta al subrayar el hecho de que nos encontramos en las antípodas de la ideología universalista de la Ilustración, que presuponía que, a la larga, las preguntas fundamentales se pueden resolver apelando al «conocimiento objetivo» de los expertos: cuando nos encontramos ante las opiniones diversas sobre las consecuencias de un nuevo producto en el ambiente (pongamos por caso las verduras genéticamente modificadas) buscamos en vano la opinión definitiva del experto. La cuestión no es sólo que los auténticos problemas se confunden como consecuencia de la corrupción de la ciencia derivada de su dependencia financiera de las grandes compañías y de los organismos estatales. Incluso aisladas de toda influencia externa, las ciencias no nos pueden dar la respuesta. Los ecologistas predijeron hace quince años que nuestros bosques morirían, ahora nos enfrentamos a un exceso en el crecimiento de la madera... Donde esta teoría de la sociedad de riesgo se queda corta es al exponer la situación irracional en que todo esto nos deja a los sujetos normales: una y otra vez nos vemos obligados a tomar una decisión, aunque sabemos que no estamos ni mucho capacitados para decidir, que nuestra decisión será arbitraria. Aquí, Ulrich Beck y sus seguidores hacen referencia al debate democrático de todas las opciones y al consenso: sin embargo, esto no resuelve el dilema paralizante: ¿por qué un debate democrático con la participación de la mayoría ha de tener mejores resultados cuando cognitivamente la mayoría sigue en la ignorancia? La frustración política de la mayoría es, pues, comprensible: se les pide que decidan mientras, al mismo tiempo, reciben el mensaje de que no están en posición de para decidir realmente, es decir, para medir los Eros y los contrahaz objetivamente. Apelar a las «teorías de conspiración» es buscar una salida desesperada del callejón, un intento de volver a conseguir un mínimo de lo que Fred Jameson llama «mapeado cognitivo»".
Slavoj Zizek, Matrix o las dos caras de la perversión, 2000.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Brillantes martillazos II: George Orwell
"La intención de la neolengua no era solamente proveer un medio de expresion a la cosmovisión y hábitos mentales propios de los devotos de Ingsoc, sino también imposibilitar otras formas de pensamiento. Lo que se pretendía era que una vez la neolengua fuera adoptada de una vez por todas y olvidada la vieja lengua, cualquier pensamiento herético, es decir, un pensamiento divergente de los principios del Ingsoc, fuera literalmente impensable, o por lo menos en tanto que el pensamiento depende de las palabras. Su vocabulario estaba contruído de tal modo que diera la expresión exacta y a menudo de un modo muy sutil a cada significado que un miembro del Partido quisiera expresar, excluyendo todos los demás sentidos, así como la posibilidad de llegar a otros sentidos por métodos indirectos. Esto se conseguía inventado nuevas palabras y desvistiendo a las palabras restantes de cualquier significado secundario. Por ejemplo: la palabra libre existía en neolengua, pero sólo se podía utilizar en afirmaciones como <<este perro está libre de piojos>>, o "este prado está libre de malas hierbas". No se podía usar en su viejo sentido de <<políticamente libre>> o <<intelectualmente libre>>, ya que la libertad política e intelectual ya no existían como conceptos y por lo tanto necesariamente no tenían nombre. Aparte de la supresión de palabras definitivamente heréticas, la reducción del vocabulario por sí sola se consideraba como un objeto deseable, y no sobrevivía ninguna palabra de la que se pudiera prescindir. La finalidad de la neolengua no era la de aumentar, sino disminuir el area del pensamiento, objetivo que podía conseguirse reduciendo el número de palabras al mínimo indispensable".
George Orwell, Principios de neolengua, apéndice a 1984
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